¿Quién tiene el cerebro lavado? - Todd Hayen
Todo el mundo, podría decirse. Pero no lo creo. ¿Ellos? ¿Nosotros? Un poco de cada, seguro. Entonces, ¿de qué sirve saberlo? Pues de mucho: si sabes quién tiene el cerebro lavado, sabes delante de quién conviene no abrir la boca. Ni una palabra. No solo es inútil intentar enseñarles nada, sino que te metes en un buen lío si dices algo que contradiga su lavado de cerebro. Eso no quiere decir que tengas que darles la razón para estar a salvo.
Basta con que no se note que no se la das.
Es raro, lo sé, pero créeme: hay que esquivar las conversaciones espinosas con la gente que tiene el cerebro lavado, sobre todo si tiene algún poder sobre ti: familia, amigos cercanos, jefes, empleados y similares.
Hemos llegado a un punto en el que hablar con quien ya te tiene por un teórico de la conspiración conservador y de derechas no solo resulta desagradable, sino que puede hacerte un daño irreparable. Te pueden catalogar de superextremista, de alguien que no merece ni los buenos días.
Todavía no he sufrido ningún daño físico por parte de esta gente, pero todo se andará. Tienen tan poco sentido común que, para ellos, tanto valdría que fueras un discípulo acérrimo de Adolf Hitler. Una vez que te fichan, se acabó. Y para que te fichen no hace falta casi nada.
Hablando de Hitler, es posible que la situación actual se parezca mucho a la de la Alemania nazi. Por lo que sé de historia, bastaba con insinuar que el viejo Schicklgruber no andaba bien de la cabeza para que un vecino, un amigo o hasta un familiar te denunciara a la Gestapo. Zas, zas, a por el antinazi. Nadie admitía matices: o blanco o negro; el negro, nazi puro; el blanco, antinazi puro. Sin término medio. Zas, zas.
Hoy la cosa va más bien así: o eres una persona decente, como ellos, o eres racista, misógino, tránsfobo, un chiflado del nacionalismo cristiano, un adorador de Trump, un asesino de gais, y un largo etcétera. Nada intermedio ni matizado cuenta como “aceptable”. Si no estás al 100 % con ellos, eres polvo. Qué digo polvo: eres mierda.
Vaya, ¿no parezco un tipo lleno de odio? Pues si sospechas que alguien tiene el cerebro lavado por la izquierda o el progresismo, no hace falta que lo borres de tu vida, que seas desagradable con él ni que dejes de hablarle. Lo que no puedes es arriesgarte a que te cuelgue el cartel. Así que evita cualquier conversación más trascendente que una sesuda disertación sobre la importancia histórica del pádel actual. O sobre quién ganó el último partido (vale cualquier pelota). O sobre si a alguien le quedó bien el color de la última manicura.
Hay, por supuesto, algunas cosas de importancia moderada con las que puedes arriesgarte. (¿Estoy siendo mezquino? Espero que no. No digo que de eso sea de lo único que quiere hablar esta gente; solo te doy las señales de alarma: quédate en lo superficial y lo evidente. Esos son los temas seguros.)
Sigue...
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