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Si la conversación se sale de esos temas banales y seguros, cállate de inmediato. Finge un ataque de tos. Vete al lavabo. Lo más probable es que no les importe, que no sospechen nada y que ni siquiera se den cuenta. Suelen estar tan ensimismados que en realidad no quieren oír lo que tengas que decir, ni aunque pienses igual que ellos. Están tan contentos escuchándose a sí mismos y a sus compañeros de ideología haciéndose eco unos de otros. Escabullirte, por incómodo que resulte, te salvará.
¿Y si metes la pata? Que Dios se apiade de ti. Lo más leve que puede pasar es que la conversación se detenga y te miren con cara de desconcierto: “¿Acabo de ver pasar un fantasma o de verdad ha dicho lo que creo que ha dicho?”. Si ves esa cara, a callar ahora mismo. Puede que decidan que era un fantasma, después de todo, y sigan con su conversación. Pero si te pillan, si dejas entrever siquiera una ambigüedad en tu postura sobre cualquier asunto, estás acabado.
Puede que no te caiga todo encima en esa misma velada (depende de lo grande que haya sido la pata que hayas metido), pero ya has acumulado puntos en tu contra. Seguro que la persona a la que has escandalizado llegará a casa y le preguntará a su pareja: “¿Has oído lo que ha dicho (pon aquí tu nombre) esta noche? ¿Qué crees que significa?”.
Una vez dije, muy tontamente, en compañía de borregos y arpías por igual (fue al principio, cuando aún creía que la mayoría de la gente conservaba la sesera): “Entiendo la cuestión del aborto desde ambos lados. Si alguien cree que un feto de dos días es un ser humano, entiendo que piense que los derechos de la mujer no le dan derecho a asesinar a un ser humano. Pero también entiendo que, si alguien no cree que un feto sea un ser humano, entonces la mujer tiene autonomía sobre su cuerpo”.
¿Que si fue una estupidez? Madre mía. Tuve suerte de llegar a casa con vida. Todos los presentes me ficharon, incluso las arpías, seguramente más por haber demostrado que era un idiota. No se puede ser ambiguo. Desde luego no se puede decir “lo veo desde ambos lados”. Hay que ir a muerte, siguiendo la línea oficial sin rechistar. Es lo único aceptable.
¿Y qué pasa si te fichan?
Depende de lo grave que fuera el desliz y de lo lavado que tengan el cerebro. Normalmente se nota cuando el golpe ha sido fuerte: el ofendido te hará el vacío. Recuerda que para él ahora eres peor que la mierda. Pero peor de verdad.
Si tu cónyuge borrego estaba en la sala cuando se armó el follón, puede que se divorcie de ti. Como poco, puede que te deje o que amenace con dejarte. No habrá ni pizca de comprensión. Ni se te ocurra defenderte con un “¿acaso no puedo tener creencias que tú no tienes? ¿No puedo tener una opinión distinta?”. Olvídalo, pringado. Eres polvo.
Para ellos es como si hubieras tirado sus valores a la basura. Te has vuelto peor que Satanás. No hay redención posible para quien cree algo que no encaja con su ideología. Y, como llevo diciendo una docena de veces, no se trata de una opinión “algo distinta”. Si no estás de acuerdo al 100 %, eres polvo. Ni al 99 %. Ni al 98 %. Ni, por supuesto, al 50 %. Y si discrepas del todo, huye. Podrías estar, literalmente, en peligro de muerte.
¿Quién tiene el cerebro lavado? Quien no es capaz de concederte ni un milímetro. Así lo sabrás. Y la boca, cerrada.
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