Vivimos además una paradoja difícil de aceptar. La humanidad dispone hoy de capacidades productivas, científicas, tecnológicas, como nunca antes se había conocido.
Sin embargo, de manera simultánea, mientras millones de personas carecen de alimento suficiente, una proporción considerable de los alimentos que producimos se pierde después de la cosecha o termina siendo desperdiciada.
Por eso, el desafío no consiste únicamente en producir más. Debemos producir mejor y más eficiente. Debemos reducir pérdidas y desperdicios, mejorar el almacenamiento y el transporte, garantizar el acceso a los alimentos, proteger nuestros suelos y nuestras aguas, preservar la biodiversidad y construir sistemas agroalimentarios capaces de resistir los efectos crecientes de la crisis climática, incluyendo los embates del fenómeno del niño que hoy afecta a buena parte de nuestros países en vía de desarrollo.
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