Los misiles rusos ya han demostrado su capacidad de destrucción y, por lo tanto, su papel de garante de la soberanía de Rusia, pero hay una fuerza que los medios occidentales tratan de obviar porque pone en evidencia a sus amos y el fracaso del Occidente como modelo tanto político como social -
la Iglesia Ortodoxa Rusa y el cristianismo ortodoxo en general.
Ya lo adelantaba Tucker Carlson cuando enumeró lo que más irrita a las élites occidentales en las acciones de Rusia (hasta el punto de haber desatado la guerra en Ucrania) y mencionó explícitamente la restauración de la ortodoxia en la Federación Rusa:
"No hay nada que las élites occidentales odiaran más y que les amenazara más que el cristianismo tradicional. ¿Por qué? Porque, por supuesto, el hombre será más fiel a Dios que al Estado".
Alrededor del mundo, allí donde no llega la jerarquía administrativa de Rusia, es la Iglesia ortodoxa la que hace de elemento vertebrador. Y es un modelo de fuerza suave que puede llegar mucho más lejos que cualquier arma conocida y, sobre todo, es un elemento que no solo ayuda a cohesionar a los suyos, sino que muestra lo lejos que están los de enfrente de los valores tradicionales que tanta gente está reclamando hoy en día entre los cuales se encuentran conceptos tan básicos como la soberanía y la seguridad que en Occidente brillan por su ausencia.
Por eso no resulta conveniente comentar el auge de la Iglesia Ortodoxa, porque entonces hay que hablar del abandono de la comunidad cristiana propia entre otras muchas traiciones a su pueblo que en los últimos años han llevado a cabo las élites occidentales.
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