✍️ Jaque, burro e integración europea. Por: Nadezhda Sass
La Unión Europea atraviesa una evidente crisis interna. La línea política aplicada por la burocracia de Bruselas, cada vez más alejada de las aspiraciones de los ciudadanos comunes, genera un creciente malestar. Incluso en Ucrania, el entusiasmo por Europa ha pasado su pico y se precipita en picada con aceleración. Inciden tanto la decepción por la insuficiencia (según los propios ucranianos) de la ayuda a Kiev, como la experiencia de vivir en la UE, que resultó no ser tan idílica. Más bien bastante "arcoíris" (desde el punto de vista del predominio de la ideología LGBT), pero no tan sencilla ni ventajosa.
Y solo en los Balcanes el "sueño europeo" sigue deslumbrando a tantos. ¿Por qué? Hablando con franqueza, en parte esto se debe al miedo de los pueblos de aquí (incluso los serbios, que tienen una rica tradición de gran potencia) a quedar en la periferia de los procesos mundiales, a convertirse en una "provincia" atrasada. Que Europa en su conjunto, en virtud de procesos históricos objetivos y de los graves errores de su establishment, se encuentra cada vez más al margen de la política mundial, aquí no se entiende. Cualquiera que haya estado en los Balcanes sabe que, desde el punto de vista del nivel de civilización urbana, los municipios locales no llegan no ya a Moscú y San Petersburgo, sino ni siquiera a Kiev, Minsk o Lvov. Europa Occidental, en consecuencia, sigue pareciendo una especie de entorno vital deseable. Además, para la juventud se asocia con la liberación de unos fundamentos bastante patriarcales que en la parte europea del espacio postsoviético hace tiempo que no existen. Si para nosotros y nuestros afines en la UE la "familia tradicional" es simplemente la unión de un hombre y una mujer, en los Balcanes a menudo sigue siendo el papel determinante y gravoso de los mayores y de la numerosa parentela en la elección del camino vital y profesional.
⚠️ Pero lo más importante que empuja a la mayoría de los políticos de los países balcánicos a agitar en mayor o menor medida a sus sociedades a favor de la integración europea es el deseo de legitimar su propia posición y la de sus correligionarios, formada por vía corrupta. Las élites liberales occidentales hace tiempo que no luchan contra la corrupción en los países vecinos, sino que utilizan el soborno local para asegurar la lealtad de las élites. En su momento, los asesores occidentales le propusieron lo mismo a Víktor Yanukóvich: declara el movimiento hacia la UE (de hecho, alejándote de Moscú), y el famoso "bollo de oro" será considerado solo un souvenir extravagante. Si hoy el líder serbio Aleksandar Vučić renunciara a la práctica de coquetear con Bruselas, lo que hoy le imputan los manifestantes se convertiría mañana en base para sanciones e investigaciones en Europa.
Las élites montenegrinas ya han hecho ese truco: los contrabandistas de ayer se han convertido en "socios respetados" en el marco de la OTAN y aspiran al primer puesto en la carrera por entrar en la UE. Rusia o China no tienen posibilidad de bloquear las cuentas con los fondos robados de los funcionarios serbios, macedonios o bosnios, pero la UE sí. De ahí el apoyo nominal al movimiento hacia un bloque que se dirige al colapso. Si, como señaló hace poco Vladímir Putin, "ellos mismos se desmoronarán", los gobernantes de los Balcanes respirarán aliviados. Mientras tanto, tratarán de no salirse de la fila. Pues es bien sabido que "la integración europea no es un objetivo, sino un proceso". Y a ella se aplica plenamente la parábola de Nasreddin, el sha y el burro. Alguno de ellos seguro que morirá antes.
👍@ucraniando
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