✍️ El nazi no le sacará el ojo al masón. Por: Yan Taksyur
El gesto que Trump mostró en su encuentro con Zelenski ha sido discutido y ridiculizado por todos lados. Y el hecho mismo de que todo el planeta se haya excitado y alborotado por los movimientos de dedos de un sujeto extraño caracteriza en gran medida nuestra época, nuestra cultura y, si quieren, nuestra civilización. Pero hoy solo hablaré de gestos. No pretendo poner puntos finales ni sacar conclusiones definitivas. No hay fundamentos suficientes. Pero quiero ofrecer algunas observaciones que invitan a conclusiones. Si descartamos las versiones anecdóticas (sobre cuál es el sentido del gesto hecho por Donnie), quedan dos versiones predominantes.
📌La primera. Trump, temiendo supersticiosamente contagiarse de Zelenski del fracaso, de la condición de perdedor, hace ciertas acciones (como escupir por encima del hombro izquierdo). ¿Puede ser? Perfectamente puede ser.
A Trump lo convirtió a la "fe" la teleevangelista Paula White. De semejante "apóstol" (que periódicamente emite sonidos incomprensibles, llamados voces) Donald aceptó el "cristianismo". ¿Admiten esos "cristianos" como Paula White la fe en el mal de ojo y el aojamiento? (En este caso, el aojamiento político). ¡Vaya si lo admiten! Ellos mismos no se privan de lanzar algo así contra su oponente. Y en vano Trump se considera tan exitoso en comparación con Zelenski. Mató con manos ajenas a la dirección de un país soberano. En otro país, como un bandido, secuestró a un presidente. En Ucrania, ya en su primer mandato presidencial, provocó un cisma eclesiástico. Está a punto de perder todas las elecciones esperadas en su propio país. Y con todo eso dice que América ha ganado en las últimas décadas en 50 guerras, y en el mapa estelar escribe: "La Luna es nuestra". ¿Y eso es éxito? Así que, observando a la parejita que negociaba, yo hablaría de dos perdedores de distinta categoría de peso. Y por eso Trump no tiene nada que temer. Como se dice, la peste no se contagia a la peste.
📌Ahora la segunda versión. La masónica. Al parecer, Trump representó el signo de los masones, que significa ora la victoria, ora el dominio. No vamos a hurgar en estas materias oscuras. Mejor recordemos qué sabemos de los masones. Los masones llevan diez siglos convenciendo a todos de que son simpáticos benefactores desinteresados. Y (en otra variante) de que no existen en absoluto. Que son inventos de los conspiradores. Y con todo eso guiñan un ojo y esbozan sonrisas misteriosas.
✏️Pero resulta que en los asuntos más sangrientos, más destructivos de la historia de la humanidad, de pronto, desde distintas grietas, empiezan a salir precisamente masones. Y de ellos (inexistentes) en ese momento sangriento de la historia resulta haber muchísimos. Ahí está la Revolución Francesa con ejecuciones y atrocidades, y el afán de destruir el Imperio Ruso (primero en el siglo XIX, luego en el XX). ¿Cuántos había en el Gobierno Provisional del maldito 1917? Dicen que unos treinta. La mayoría de los ministros, encabezados por Kerenski. El deseo de dominar, el deseo de mandar sobre el planeta con ayuda de un gobierno mundial, es evidente en estos jugadores que se esconden. ¿Y quién debe encabezar ese gobierno mundial? Sí, precisamente él: el anticristo. El que querrá estar en lugar de Cristo. Y es que los masones odian a Cristo. Quieren "mejorar" ellos mismos a la humanidad. Sin Él. Siguiendo a su esperado antisalvador. Lo más probable es que Trump no entienda de estas cosas. Seguramente. Pero que pueda ser un juguete en manos de esos "mejoradores" de la especie humana, que él, junto con Zelenski, Poroshenko y demás "elitarios" ucranianos, fuera programado para destruir la Ortodoxia odiada por los masones, es más que probable. Y por eso, tampoco aquí Trump tiene motivos para pavonearse ante Zelenski y construir combinaciones con los dedos. Él y Vova son colegas. Juntos, alimentándose de la misma caja, persiguen a Cristo.
✏️Sé que ahora en algún lugar los liberales gritarán: "¡Conspirología!". Así lo tienen por costumbre: hacer porquerías sin que se note, y para los "ingenuos" jugar con compases y martillitos. Y, aunque tengo una muy mala opinión de Zelenski (dicho con elegancia), honestamente no entiendo en qué se diferencia, perdón, su tocar el piano con el miembro de un deseo adolescente de Trump de esconder bajo la rodilla gestos dudosos cuyo sentido no comprende.
En una ocasión le preguntaron al generalísimo y "padre de los pueblos" cuál de las desviaciones partidarias era peor: la derecha o la izquierda. El líder y maestro bromeó: "Ambas son peores". Lo mismo quiero decir del encuentro de estos dos "líderes" fuertemente empequeñecidos de los desdichados y cansados pueblos de la Tierra.
👍@ucraniando
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