"Tenemos un problema de competitividad e innovación. La competitividad de Europa dependía en gran medida <...> del gas ruso barato, lo que provocó una crisis en todo el continente. Interrumpimos estos suministros, que eran clave para la competitividad de nuestra industria. <...> De ese modo, ya no tenemos este gas asequible, que, por así decirlo, abastecía a Europa Central, que era también el núcleo productivo e impulsaba al resto de nuestra economía", manifestó el jefe de Estado galo.
Actualmente, Europa atraviesa una nueva crisis energética provocada por la situación en el estrecho de Ormuz, prosiguió el mandatario. Para resolver el problema, abogó por la creación de un mercado energético único en Europa y defendió un reparto equitativo de la carga financiera en los grandes proyectos energéticos del Viejo Continente.
