Y no faltan los que, con el cinismo bien puesto, llaman a “humanizar” el capitalismo. Los mismos que capitulan ante el sistema, maquillan el discurso y terminan defendiendo, con solemne desparpajo, sus propios intereses mezquinos.
Pero, a pesar del entreguismo y sus sátrapas, el decoro también aparece cuando menos se espera. En Francia, un hombre devuelve las lacrimógenas a los esbirros de Macron. No las recibe: se las devuelve. Un gesto mínimo, pero contundente: devolviendo la violencia del poder...
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