Estados Unidos dependió de la plata española durante casi 65 años tras su independencia. El real de a ocho, acuñado desde el siglo XVI, se convirtió en la primera moneda verdaderamente global. Las colonias británicas, impedidas de acuñar moneda por Londres, adoptaron esa pieza como medio de cambio legal: dio origen a expresiones como "two bits" y a la propia palabra dólar.
Tras la inflación de los Continentales, Jefferson propuso en 1784 adoptar el dólar español como unidad y dividirlo decimalmente; el Congreso lo aprobó en 1785. Hamilton ordenó ensayar las piezas circulantes y fijó el dólar en 371,25 granos de plata pura (Ley de Acuñación de 1792), creando una réplica intercambiable. Pero la producción estadounidense fue mínima (1.758 dólares en 1794) y el bimetalismo, con ratios de 15:1 y luego 16:1, provocó fugas de oro y plata por la ley de Gresham. La fiebre del oro californiana encareció la plata y vació la moneda fraccionaria nacional, dejando a las gastadas monedas españolas como único cambio disponible. La Ley de Acuñación de 1853 redujo el contenido de plata de las fracciones, y la de 1857, firmada por Franklin Pierce, retiró a las monedas extranjeras el estatus de curso legal, cerrando más de 250 años de dominio monetario español, aun siendo usada durante más de diez años en diversas zonas, especialmente las de antiguas posesiones españolas. El símbolo $ proviene de la abreviatura de "pesos".
— @NoNosGustanLosProgres
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