COMO QUEREMOS NUESTRO SACERDOTE
Si es enérgico, lo consideramos demasiado rudo; si está tranquilo, lo consideramos perezoso.
Si tiene el cabello gris, lo consideramos viejo; si es joven, decimos que no tiene experiencia.
Si quiere hacer cambios, lo consideramos un revolucionario; si no quiere, decimos que no toma iniciativas.
Si él predica contra el pecado, lo consideramos un fanático; si no lo hace, decimos que es secular.
Si usa los movimientos de las manos para expresarse, lo consideramos un actor; si permanece inmóvil, decimos que es de madera.
Si levanta la voz, decimos que grita mucho; si no levanta la voz, lo consideramos monótono.
Si está en su casa, decimos que debe estar afuera y conocer a sus feligreses; si lo ven en la calle, decimos que debe estar encerrado y rezando, preparando su sermón.
Si visita a los pobres, lo consideramos un socialista; si visita a los ricos, lo consideramos un amigo de los ricos y un partidario del establecimiento financiero.
¡Dios, dale paciencia a nuestro Sacerdote
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