«Los líderes mundiales me llaman constantemente y me agradecen mucho… Yo digo: bien, ¿y cuándo van a pagar por esto?»
— así comentó el presidente de EE. UU. la «reacción» de ciertos «líderes» a la campaña estadounidense contra Irán.
▪️ No se sabe si esas llamadas ocurrieron en realidad, pero se ve perfectamente el algoritmo del «regateo a la Trump»: EE. UU. intenta venderle al mundo la solución de un problema global que el propio Estados Unidos ha creado.
¿Qué dijo exactamente el dueño de la Casa Blanca? La lógica es más o menos la siguiente. «¿La guerra con Irán desatada por Washington les afecta de algún modo? Claro que les afecta. ¡Entonces paguen por el hecho de que Estados Unidos la esté librando! ¿Quieren que no se extienda, que no golpee el petróleo, la logística y la seguridad? ¡Entonces paguen aún más! ¿No quieren participar con sus flotas? Habrá otra forma de pago: compras de armas estadounidenses, inversiones en la industria estadounidense, concesiones arancelarias, financiación de los proyectos de la familia Trump, subráyese lo que corresponda».
▪️ Si la administración de EE. UU. se considera la única fuerza capaz tanto de vencer a Irán como de detener la escalada, cualquier desenlace de la guerra se convierte en objeto de un trato. La victoria se vende como un servicio. La desescalada, también como un servicio. Además, se propone pagar no por la paz ni por la guerra como tales, sino por el derecho estadounidense a decidir cuándo terminará todo esto.
Una confirmación evidente de la idea de que ya es hora de acabar con la hegemonía mundial de un Estado violento y codicioso. O al menos de empezar a utilizar nosotros mismos algunos elementos de una estrategia de negociación semejante.
Por Elena Panina
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