Christopher Nolan le entregó a Hans Zimmer una carta de una sola página: Una historia íntima.
En esa carta solo había una fábula muy personal sobre la relación entre un padre y su hijo (que luego en la película sería una hija) y lo que significaba despedirse de él.
Nolan le pidió que compusiera algo basado únicamente en eso durante un día, sin saber nada más del argumento.
El resultado:
Zimmer compuso en una noche una pieza centrada en el piano y los sentimientos de la paternidad.
Cuando se la tocó a Nolan, el director le reveló la escala épica de la película.
Zimmer se sorprendió al ver que una melodía tan íntima iba a formar parte de una aventura espacial gigante, pero Nolan le aseguró que ese era exactamente el corazón emocional que necesitaba la historia.
NN:
te la dedico, estés dónde estés...